Mario Pulido | 4 septiembre, 2017

Cómo y porqué me convertí en diseñador web

Una profesión al alcance de quien esté dispuesto a afrontar retos

 

De esto hace ya seis años, y me vi involucrado en un proceso de crecimiento de una pequeña empresa familiar en la que se acababa de hacer el traspaso generacional.

 

El nuevo gerente, de mi edad, traía ideas de expansión comercial, aunque no tenía muy claro cómo iba a llevarlas a cabo. Mi papel inicial era el trabajo comercial a nivel internacional, ya disponían de muchos clientes en medio oriente, clientes que habían llegado a través de ferias y de las relaciones públicas del padre del gerente actual, y que debía mantener y atender intentando que compraran más cantidades.

 

Por cierto, aunque no es relevante, la empresa se dedicaba a la fabricación de máquinas de tratamiento médico alternativo y de la fabricación de unas cánulas descartables que representaban el grueso de su facturación.

 

Con el apoyo del nuevo gerente y gracias a mis viajes en vidas pasadas, pensé que podía abrir el mercado americano, terriblemente grande y de poder adquisitivo, así que comencé a sondear que empresas existían y como podía desde España comenzar a vender allí.

 

La empresa, aunque pequeña tenía sus circuitos de exportación muy aceitados, pero claramente tenía un problema de comunicación, y se limitaba a captar nuevos clientes por sus canales de toda la vida. Disponía de una página web antigua y principalmente institucional que realmente no vendía nada, y en comparación con la competencia del mercado americano estaba muy lejos de ser efectiva.

 

Propuse que hacía falta un cambio en el estilo de comunicación, y que necesitábamos un método de venta que acercara a los clientes, y que evidentemente ese método tenía que venir de la web. Me encargaron revisar que cambios se podían hacer y cómo llevarlos a cabo.

 

En un principio me propuse encontrar una empresa que nos diera una solución integral, pero en aquella época los presupuestos de lo que yo quería hacer eran tomados como presupuestos para grandes empresas y eran inalcanzables para la pyme en la que trabajaba.

 

Lejos de rendirme y utilizando mi tiempo libre empecé a hacerle pequeños cambios a la web, cambios de información que había quedado obsoleta. Al ver que me animaba, el gerente me propuso avanzar, para él significaba un ahorro importante y para mí significaba una plataforma de aprendizaje e investigación sobre un terreno relativamente nuevo para mí.

 

La web creció y cambió, y con la ayuda de cursos de diseño web le di un aspecto profesional e incorporé el comercio electrónico, un proceso que duró más de un año, pero que sirvió para no solo abrir el mercado americano sino también otros mercados como el indio, hasta convertirse en la principal fuente de pedidos y de facturación de la empresa.

 

emprender en diseño web

 

Con el tiempo este éxito se convirtió en un desafío de ir a más y comencé a diseñar para amigos y luego para amigos de amigos ya cobrando, y cuando vi que el volumen de trabajo empezaba a ser importante decidí dar el salto y asociarme con un amigo para montar una pequeña empresa de diseño web.

 

Hemos pasado momentos muy buenos y otros no tanto, pero al escribir este post me he dado cuenta lo rápido que ha ido todo, y cómo aún tenemos esa sensación de novatos que nos mantiene alerta. La clave sin duda es afrontar y aprovechar los desafíos que se presentan, y poco a poco nos vamos enfrentando a proyectos más grandes y complejos.

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